{"id":83397,"date":"2022-10-11T08:17:13","date_gmt":"2022-10-11T13:17:13","guid":{"rendered":"https:\/\/selasite.azurewebsites.net\/nuestros\/"},"modified":"2022-10-11T08:17:13","modified_gmt":"2022-10-11T13:17:13","slug":"nuestros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/rmtsolutions.net\/sela\/nuestros\/","title":{"rendered":"Nuestros tr\u00e1gicos \u00e9xodos: el Dari\u00e9n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">Ocurre hace tiempo pero ahora se ha hecho visible. Es que ahora el Dari\u00e9n lleg\u00f3 a<span>\u00a0<\/span><i>The New York Times<\/i>. El soberbio reportaje de Julie Turkewitz abruma y angustia. Las extraordinarias fotos de Federico R\u00edos, en la mejor tradici\u00f3n del maestro Sebasti\u00e3o Salgado, lastiman. Todo ello nos obliga a volver a leer y a mirar esas im\u00e1genes una y mil veces. Para entender, para intentar creer lo que all\u00ed se lee y se ve.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">Si se tolera, claro; el primer instinto es la negaci\u00f3n, dejar de leer y pasar por las fotos de manera r\u00e1pida, superficial.<span>\u00a0<\/span>Es inimaginable, pero no es ficci\u00f3n. La mirada perdida de los adultos y el llanto de incomprensi\u00f3n de los ni\u00f1os; el sufrimiento humano que se contagia por medio de un texto y doce fotos. El barro se ve hasta en sus ojos.<\/p>\n<div class=\"inline ad-wrapper\" style=\"text-align: justify;\">\n<div class=\"dfpAd display_inline_block ad_margin_wrapper\">Son las tr\u00e1gicas migraciones de los latinoamericanos.\u00a0En 2018 y 2019 estuve en C\u00facuta. Fui testigo del \u00e9xodo de los venezolanos, los caminantes de los Andes. Los vi cruzar el T\u00e1chira a pie, los vi hacinarse en el refugio de migrantes. Los vi seguir hacia el sur, Ecuador, Per\u00fa y m\u00e1s all\u00e1. Lo escrib\u00ed en varios textos.<\/div>\n<\/p><\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">Hoy muchos se dirigen al norte a trav\u00e9s de Am\u00e9rica Central, empezando por el tap\u00f3n del Dari\u00e9n. En esa selva impenetrable del istmo paname\u00f1o los migrantes caminan por el lodo espeso, all\u00ed no hay caminos. La presencia del Estado es tenue, si acaso, y por ende tampoco hay ley. Van hacia el norte, as\u00ed como los caminantes de los Andes se dirig\u00edan hacia el sur.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">Los venezolanos son mayor\u00eda, y por ello reciben m\u00e1s atenci\u00f3n, como en la nota del<span>\u00a0<\/span><i>Times<\/i>. Sin embargo, tambi\u00e9n hay cubanos, haitianos y de otras nacionalidades del hemisferio.<span>\u00a0<\/span>Se cuentan de a decenas miles. No estuve all\u00ed, escuch\u00e9 testimonios de los mismos migrantes; los que lograron salir vivos, esto es.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">Todos ellos coinciden: ning\u00fan tramo del viaje es comparable al Dari\u00e9n. All\u00ed la ley no solo est\u00e1 ausente, tambi\u00e9n es quebrantada por los mismos que deben hacerla cumplir:<span>\u00a0<\/span>la guardia fronteriza, el ej\u00e9rcito y la fuerza policial paname\u00f1a. En sociedad con los coyotes, el tr\u00e1fico de personas es el negocio que prospera en esa zona. Si as\u00ed ocurre en la cima del poder, con m\u00e1s raz\u00f3n en la periferia. En colusi\u00f3n con los coyotes, ellos son quienes violan a las mujeres migrantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">Nada de ello es necesariamente por culpa del gobierno paname\u00f1o. Eso es Am\u00e9rica Latina, ahora y siempre. Fronteras porosas, ausencia de instituciones estatales y baja capacidad donde s\u00ed se las ve. F\u00e1cil de ser capturadas, son vulnerables a los proto-Estados con los que compiten.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">Nada de esto es nuevo. En vastas zonas de la regi\u00f3n el mapa del Estado como aparato burocr\u00e1tico y legal no coincide con el mapa pol\u00edtico; no hay presencia estatal. Narcos, guerrillas, maras, traficantes de personas y contrabandistas, sino un conglomerado de todos ellos, compiten con el Estado por el control territorial, o sea, por la soberan\u00eda, y muchas veces lo hacen con \u00e9xito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">La magnitud de recursos del crimen organizado hoy es tal, que la captura del Estado constituye una operaci\u00f3n menor. Se ve hasta en un Estado robusto como el mexicano, ese es el origen de la migraci\u00f3n latinoamericana actual.<span>\u00a0<\/span>A comienzos de la d\u00e9cada pasada nos indign\u00e1bamos con las im\u00e1genes de ni\u00f1os migrantes hacinados en albergues fronterizos, viajaban solos. Sigue sucediendo, es solo que ya no nos sorprende tanto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">Son los ni\u00f1os cuyas madres\u2014el padre est\u00e1 ausente o fue asesinado\u2014los env\u00edan al norte en un tren al que llaman \u201cLa Bestia\u201d pagando miles de d\u00f3lares a un coyote, o bien en una precaria balsa desde Cuba y Hait\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">Pues esa madre lo hace imbuida de amor y racionalidad: para evitar que los narcos los recluten, a sabiendas que sus \u201cofertas de empleo\u201d no pueden ser rechazadas, y que la probabilidad de sobrevivir en La Bestia y donde puedan llegar esos ni\u00f1os es m\u00e1s alta que en el narcotr\u00e1fico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"paragraph\">Por supuesto, la migraci\u00f3n es racional. No hay empleo, no hay salud ni educaci\u00f3n, no hay ley, no hay Estado, el crimen organizado manda y, adem\u00e1s, las dictaduras torturan y asesinan.<span>\u00a0<\/span>Esa es la realidad de Venezuela, entre otras, hasta el horror del Dari\u00e9n se ve mejor. Mientras dichos reg\u00edmenes represivos contin\u00faen en el poder, seguiremos escribiendo sobre la tragedia del \u00e9xodo.<\/p>\n<div class=\"text-element\" style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ocurre hace tiempo pero ahora se ha hecho visible. Es que ahora el Dari\u00e9n lleg\u00f3 a\u00a0The New York Times. El soberbio reportaje de Julie Turkewitz abruma y angustia. Las extraordinarias fotos de Federico R\u00edos, en la mejor tradici\u00f3n del maestro Sebasti\u00e3o Salgado, lastiman. 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